María y Roberto llegaron hasta mí de la manera más tonta, un rebote de promociones por el Día de los Enamorados, y sin darnos cuenta y con muy poca preparación a la hora de decidir dónde realizábamos la sesión, se dejaron aconsejar totalmente por mí y no tenían en mente ningún tipo de fotografía especial,  y gracias a ello, tuvimos la oportunidad de obtener una imágenes increíbles contagiados, tal vez, por la calma que el paraje natural nos ofrecía.

La luz y la magia que sus abrazos trasmitían hicieron el resto…

Muchas gracias María y Roberto, por confiar en mí y llevarme hasta ese rinconcito de vuestra casa.

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