La barbarie del ser humano no tiene límites, no conoce de inocentes ni discrimina por razón alguna, y mientras una minoría solo buscan su interés sembrando terror, odio y más violencia, la gran mayoría de este mundo, ya seamos parte del mundo libre o no, occidental u oriental, cristiano o musulmán, creyente o no… lloramos por la pérdida de la razón humana, lloramos  por el dolor de los más cercanos y de los más lejanos, aunque a veces, solo sepamos demostrarlo cuando nos toca más de cerca, lloramos por la impotencia de no saber cuál es el camino hacia la paz, lloramos sin lágrimas, de pura rabia al contemplar cómo este mundo en el todos estamos obligados a coexistir lo estamos llevando al desahucio, lloramos y nos manifestamos por la violencia en todas sus clases, por la violencia de género, por la violencia racista, por la violencia contra los animales, por la salvación de nuestros bosques, contra la precariedad,  contra la corrupción, contra todas las clases de represión que coarten los derechos humanos, contra y a favor de la soberanía de los pueblos…  por la violencia que juntamente todos ejercemos hacia nuestro propio planeta… lloramos  y nos manifestamos, nos manifestamos y lloramos… una y otra vez..  una y otra vez, una y otra vez…   nos solidarizamos y empatizamos con el dolor de nuestros compatriotas franceses exhibiendo nuestro dolor desde perfiles de Facebook o WthatApp con banderas, colores o preciosas imágenes de tiempos mejores, y nuevamente mientras unos lloramos otros se enardecen con los colores propios de la indignación o  la exaltación porque la inmensa mayoría no tiñe sus perfiles con la bandera Libanesa o de Siria o de cualquier otra región en sufrimiento, y dan por hecho que sólo ellos sufren por el resto del mundo, como si tan solo sintieran dolor los que tienen y usan activamente las redes sociales… El dolor no conoce de fronteras, no conoce de banderas, ni de ideologías políticas, nadie es dueño de la patente del DOLOR… los humanos que intentamos vivir en paz, convivir con todos y cada uno de los individuos de este mundo solo sabemos llorar, ofrecer nuestra mirada y nuestra mano en la medida de nuestras posibilidades… porque nadie tiene una solución, nadie es súper-héroe ni súper-villano, la respuesta a nuestro propio mal no le compete ni le corresponde únicamente a un solo gobierno, a una sola nación o a un solo individuo, ni tan siquiera a unos pocos… sino a toda la humanidad  como un único colectivo con una única conciencia… mientras todos y cada uno de nosotros no admitamos que nos necesitamos los unos a los otros, vengamos de donde vengamos, creamos lo que creamos, veneremos a quién veneremos… Nada ni Nadie estará a salvo

 

Mientras tanto solo podemos llorar, volver a levantarnos, volver a suspirar  rogando por un día más sin dolor… para volver a caer y volver a levantarnos.

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.